Entrevista a los Doctores Pablo Gonzalez y Miguel Gallegos

ESTOMATOLOGÍA LAS URGENCIAS GRAVES SUELEN APARECER EN PERSONAS CON FACTORES DE RIESGO SISTÉMICOS

 

La ansiedad dificulta el diagnóstico diferencial en odontoestomatología

 

Un buen conocimiento de la situación del paciente es la mejor medida preventiva, no sólo para llevar a cabo una buena asistencia odontoestomatológica, sino para adelantarse o

atender urgencias que pueden surgir en las consultas. En la mayoría de los casos, las urgencias en este ámbito son leves y suelen estar mediadas por la ansiedad y el miedo al dolor.

 

Las urgencias médicas en una clínica dental no son muy frecuentes y, en principio, suelen ser de carácter leve y fácilmente manejables siempre que el estomatólogo y el odontólogo hayan realizado una exhaustiva historia clínica de las patologías del paciente, además de una prevención de ellas.

 

“Hay que actuar con calma, porque las urgencias más habituales son la ansiedad y el estrés del paciente, generados por un miedo ancestral al sillón de la consulta.”

 

Esta es la principal recomendación
de Pablo González
Arce, médico estomatólogo,
y Miguel Gallegos
Cuesta, médico de familia
del Servicio de Urgencias
del Hospital Sierrallana, en
Santander, que han impartido
una conferencia en la que han dejado claro que las
urgencias en este ámbito “generan una situación de estrés que frecuentemente dificultan el poder diferenciar correctamente los casosleves, que son la mayoría, de las situaciones con riesgo importante”.
González Arce ha destacado que en este entorno hay que procurar no actuar de manera precipitada.

 


“Las urgencias más graves ocurren en pacientes con factores de riesgo clínico o patologías condicionantes, que cada vez son más frecuentes debido al mayor envejecimiento de la población. Hay que identificar a estos pacientes, conocer sus posibles complicaciones agudas y resolverlas adecuadamente en una acción coordinada de todos los profesionales que intervienen en la práctica clínica”,

ha añadido.

 

  La ansiedad, el estrés y el miedo ancestral al sillón
de la consulta dental subyacen en la mayoría de
las urgencias de carácter leve

 

Acción no prevista

 

A este respecto, el especialista ha observado que es necesario conocer con precisión las particularidades de la enfermedad médica y las implicaciones en su tratamiento dental, con el fin de actuar con seguridad ante una acción no prevista.
“Afortunadamente la mayoría de las urgencias son leves, como son los mareos y los síncopes vasovagales, e incluso los problemas relacionados con el miedo y la ansiedad del paciente ante el tratamiento dental. Son complicaciones que no tienen gravedad clínica, pero el paciente sí las percibe como tal, por lo que no conviene subestimarlas”.

 
Asimismo, es clave no confundir esa patología leve, provocada la mayoría de las veces por el miedo, y en ocasiones pánico al sillón de la consulta dental, con otras situaciones en las que sí existe riesgo para el paciente (síncopes con criterios de gravedad o dificultad respiratoria de la insuficiencia cardiaca, entre otras).

 

 

   Experiencias previas negativas, existencia de
enfermedades o alergias y toma o no de
medicación informan de la situación del paciente

 

“También, y de manera cada vez más frecuente, suceden complicaciones o dificultades en el manejo de pacientes que están recibiendo algún tipo de tratamiento médico, y de manera especial una terapia antiagregante o anticoagulante”, han explicado los dos ponentes a propósito de los protocolos de tratamiento odontológico en pacientes con cardiopatía, “en donde la profilaxis antibiótica y el abordaje dental en sujetos sometidos a tratamiento anticoagulante son elementos muy importantes en el control de la enfermedad periodontal y cardiovascular”.

 

Triada básica

 

En la práctica diaria de una clínica dental apenas se registra una urgencia por cada millar de pacientes atendidos, y de esa cantidad el 90 por ciento se resuelven solas.

 

“El miedo del paciente es la principal urgencia, porque, tristemente, está asumido que el dentista provoca dolor, cuando no es así. Y es esa ansiedad el factor que puede provocar una urgencia médica. De ahí que el control del miedo se convierta en un elemento clave de la actuación del dentista, que va a trabajar mal si no gestiona bien ese pánico en la consulta”, ha precisado Gallegos Cuesta.
El especialista dental ha de prevenir y para ello ha de conocer muy bien a sus pacientes, y no solamente sus problemas bucodentales. “El profesional ha de saber si está ante un paciente diabético,
o si ha tenido un infarto y recibe terapia anticoagulante. Hay tres preguntas esenciales que hay que hacerles:

 

 

  • si ha tenido experiencias desagradables con un dentista
  • si padece alguna  enfermedad o alergia

 

y una tercera -la más importante-

 

  • si toma algún tipo de medicación”.

 

PROTOCOLOS DE SEDACIÓN PARA EL CONFORT

 

El hecho de que haya pacientes que tengan experiencias previas negativas con el odontólogo ha generado una imagen que asocia al estomatólogo con el dolor.

 

“En la actualidad podemos manejar con diversas técnicas la ansiedad del paciente, y de hecho, para los casos más complicados, disponemos de técnicas suficientes para realizar los tratamientos dentales con el máximo confort. Los más beneficiados son los pacientes con tratamientos complejos y largos, reconstrucciones difíciles, implantes y otras cirugías, así como aquellas personas con miedo, angustia o fobia a ir al dentista”,

 

ha enumerado el experto del Hospital Sierrallana. La posibilidad de aplicar un protocolo de sedación consciente bajo estricto control médico es, a juicio de González Arce y Gallegos Cuesta, un criterio de calidad.

 

“El paciente no tiene por qué sentir ningún dolor, ni tampoco padecer ansiedad o angustia alguna durante el procedimiento intravenoso de sedación controlada, permaneciendo en todo momento consciente y relajado. Y todo ello sin olvidar algunas técnicas psicológicas que se han demostrado eficaces en la reducción de la ansiedad”, han manifestado los especialistas.

 

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Articulo Publicado en Diario Medico – Santiago Rego, Santander

 

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